martes, 22 de febrero de 2011

Ritual para pedirle dinero a Elegguá


Recordemos que Elegguá es considerado el orisha de mayor importancia en la santería, por eso creemos prudente dar a conocer este ritual para que usted mejore su economía.




Ingredientes:


Una naranja

Limadura de plata

Miel de abeja

Coñac (o ron)

Aceite de dinero

Azúcar

Manteca

Una imagen de Elegguá

Aguardiente

Tabaco


Procedimiento:


Parta a la mitad la naranja y déjela hueca para poder rellenarla con la limadura de plata, miel, un poco de coñac, el aceite de dinero, un poco de azúcar y otro tanto de manteca.


Mientras mete lo anterior en la naranja, usted debe pedirle el favor a Elegguá; luego elevará al cielo su mirada y le rezará nuevamente a Elegguá.


Coloque esta combinación frente a la imagen del santo, tome un buche de aguardiente y luego rocíelo sobre la ofrenda; encienda un poco de tabaco, aspírelo y lance el humo hacia la imagen y a la ofrenda procurando que todo sea tocado por el humo que usted exhala.

La ofrenda debe permanecer ahí siete días, durante los cuales, rociará aguardiente y fumará tabaco, y rezará a Elegguá.


Cumplido los siete días levante la ofrenda, envuélvala sin tirar nada y llévesela de ese lugar para depositarla en un lugar solitario por donde casi no pase la gente.


Fuente: Santería. Yoruba y cubana de Pablo López y Marta G. Nielsen. En el libro encontrarás otros rituales adicionales para atraer la abundancia, así como el amor. Ashé!




Otros Rituales:

Ritual de Ochún para atrer el Amor

Ritual de la Vela Roja




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lunes, 14 de febrero de 2011

Ritual de la Vela Roja

Este ritual es considerado como uno de los más efectivos para conseguir el amor de cualquier persona, aun cuando es muy simple. Para efectuarlo sólo necesita:




Ingredientes

Aceite de ungir preparado con pétalos de rosa hechos polvo.

Canela molida.

Dos cucharadas de aceite de oliva, de cártamo o de lavanda.

Pasiflora (Puede sustituirse por verbena en polvo).

Una vela roja.

Cerillos de madera.

Incienso preparado con una cucharada de Siam, pétalos de rosa y una pizca de nuez moscada en polvo; todo por partes iguales se mezcla con carbón vegetal para hacer sahumerio.


Procedimiento

Combine el aceite de ungir con la canela molida y el otro aceite; mézclelos muy bien y al final agregue la pasiflora o verbena en polvo para formar una poción que servirá para untarla en toda la vela roja. Unja la vela.

Antes de encender la vela hay que rezarle a Changó la oración. Luego, hay que encender la vela con los cerillos de madera y dejarla así durante una noche.

Se hace la preparación del incienso y se combina con carbón vegetal. Luego se enciende y mientras arde se dice la siguiente oración:


Ofrezco este incienso y esta vela por mi persona,

para que se desarrollen los elementales

de los cuatro puntos cardinales

y puedan llegar a mi casa,

para que limpien mi camino

y permitan que el amor venga hacia mí.

Amén, Jesús, Amén.


Fuente: Santería. Yoruba y cubana de Pablo López y Marcia G. Nielsen




Otros Rituales para El Amor







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martes, 8 de febrero de 2011

Ritual de Ochún para atraer el amor



Para ir en busca del amor, Ochún nos permite invocarla de la forma siguiente:


Ingredientes:

Un pergamino virgen

Pirita

Hilo amarillo

Un recipiente transparente (de preferencia nuevo)

“Bálsamo de tranquilidad”

Azogue

Marmaja

Aceite de almendras

Manteca de jorojo

Tela amarilla

Quince velas amarillas

Cerillos de madera


Lo primero que se usa es el pergamino, en él se debe escribir el nombre de la persona a la que se desea atraer. La letra tiene que ser legible. Se dobla el pergamino no sin antes colocar dentro la pirita; luego se ata con el hilo amarillo. Se debe colocar el pergamino dentro del recipiente transparente. Una vez hecho lo anterior se agrega dentro del recipiente el bálsamo, el azogue, la marmaja, el aceite y la manteca. Hay que mezclarlos muy bien. Luego se les prende fuego mientras se hace la siguiente invocación:

Yo te invoco, Ochún, a ti y al espíritu vivo, juicio, pensamiento y voluntad de (aquí se nombra a la persona que se le desea atraer), y se reza la Oración que se ha indicado para Ochún o de la Virgen de la Caridad del Cobre.

Después de la invocación hay que cubrir el recipiente con una tela amarilla y poner a su lado una vela; encienda la vela con los cerillos de madera y diga en voz alta una Oración a Ochún.

Transcurrida esta parte del proceso, a partir del siguiente día se encenderá diariamente una vela y se repetirá la invocación hecha anteriormente.

Esto se realizará durante quince días; transcurrido este tiempo se deben haber consumido por completo todas las velas, ahora lo que resta es cubrir completamente el recipiente y sacarlo de casa, pero no lo tire cerca de ahí, lo mejor es llevarlo a un lugar solitario y abandonarlo junto a un árbol grande.

Fuente: Santería Yoruba y Cubana de Pablo López y Marcia G. Nielsen



Otra Oración a Ochún


Dorada es tu estela de luz

Así como el oro que te pertenece

Que tu pureza cristalina

Orisha de las aguas dulces

No permita que niebla alguna

Enturbie mi deseo más profundo

Que es conseguir amor verdadero

Seguro, eterno y duradero.

Está presente en las cascadas

Que de por sí ya son sagradas

Por lo tanto haz que se apague

Todo sentimiento si yo sufriere.

No verteré lágrima alguna por aquella o aquel

Que en amor no me correspondiere

No penaré por ninguna o ninguno

Que con mentiras me faltaren

Porque tu no permitirás que

Frialdad, envidia o celos me

Traicionaren.

Eres dulce, protectora

Suave y coqueta

Femenina y seductora.

¡Ay madre Oxún!, dadme tu ache

Dadme tu fuerza, dadme la alquimia

Como el néctar más sublime

Que sabré respetar y venerar.

Que está en la miel tu secreto

Que sabré de utilizar.


Fuente: El Tarot de los Orishas de Zolrak y Durkon



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martes, 1 de febrero de 2011

Los principales Orishas Parte I: Elegguá y Yemayá

Compartiremos el capítulo Los principales orishas del libro de Pablo López y Marcia G. Nielsen: Santería. Yoruba y cubana


Los principales orishas

La palabra orisha significa “los dioses del panteón”, y los orishas son la esencia de la Santería, a ellos se les solicita favores; ellos son quiénes están en contacto con Olofi, una de las tres divinidades mayores e interceden ante él por los hombres.

En la Santería, los orishas que llegaron de África se combinaron con los santos cristianos para crear nuevas figuras religiosas que se encargan de recibir las solicitudes de sus creyentes, ya sea en asuntos de amor, trabajo, protección o de cualquier otro tipo.

Ellos son los intermediarios entre el hombre y las tres divinidades superiores, y se comunican con nosotros a través de sus oráculos (coco, caracoles y tablero de Ifá) para darnos solución a todos los problemas.

Los orishas fueron creados por Olodumare para manifestar su voluntad a través de ellos, por ese motivo son los guías y protectores de la raza humana.

Para estos emisarios nada está oculto y todo tiene solución, absolutamente todo, siempre y cuando el santero (sacerdote) conozca a la perfección los oráculos por los cuales los orishas nos permitan conocer sus deseos, consejos o profecías, ya que una mala interpretación de los oráculos nos llevará a un camino diferente del que nos indican los orishas para salir de nuestro problema o para obtener un favor específico.

Se dice que cuando una persona visita la casa de un santero, esa persona siempre tendrá la oportunidad de buscar una solución a sus problemas; también prevalece la creencia de que los orishas pueden cambiar las cosas negativas que afectan nuestras vidas a través de la consulta, ofrendas y sacrificios, en los cuales el santero tiene que rendirle culto, antes que a nadie, a Elegguá (el orisha principal), tanto al empezar como al terminar su rito.

La tribu de los yorubas en África adora a 401 orishas, pero en la santería se adoran casi 32, todos los gobernados por la trilogía divina formada por Olodumare, Olorún y Olofi.

A continuación daremos datos sobresalientes de alguno de estos orishas.




Elegguá

Al igual que entre las tres divinidades más importantes, entre los orishas también hay santero que se considera el principal (por decisión de Olofi), es conocido como Elegguá y tiene las siguientes características:

Es uno de los cuatro santos guerreros.

Se le representa con una piedra en forma de cabeza.

Con frecuencia se encuentra detrás de las puertas de la casa.

Se le festeja dos veces al año, la primera el 6 de enero; la segunda el 13 de junio.

También se le conoce como Mañunga, que significa “ánima solitaria”.

Otro nombre que se le da es el de Lubaniba.

Se le presenta en ocasiones con un coco seco, pero la mayoría de las veces se forma su cara con sólo tres caracoles, dos simbolizan sus ojos y uno su boca.

Como si fuera san Pedro, está encargado de manejar unas llaves muy importantes: las llaves del destino de cada hombre.

Sólo él es capaz de decidir si a los hombres les corresponde vidas llenas de felicidad o plagadas de desgracias.

Cumple funciones de información con los tres dioses principales.

Representa el principio y el fin de cualquier camino emprendido, así como el constante vínculo entre lo positivo y lo negativo.

En la práctica de los ritos yorubas se le atribuye el mayor número de caminos, que son 21.

Los días en que se le puede invocar preferentemente son: lunes, martes y el tercer día de cada mes.

Los ropajes con que se acostumbra vestirlo son una especie de saco, un pantalón que sólo le llega a la rodilla y se le ajusta demasiado. También se le agrega un gorro que se puede comparar con el que usan los cocineros.

Se le han asignado dos colores principalmente: rojo y negro, que representa respectivamente la vida y la muerte, o la guerra y la paz.

En su altar le gusta que haya cascabeles, trampas de ratón, monedas, juguetes de niño como pelotitas, silbato, matracas, sombrero de paja o maracas.

Su número vibratorio es el 3 y sus múltiplos.

Sus ofrendas preferidas son pescado ahumado, maíz tostado, coco, aguardiente, tabaco, manteca, dulces y caramelos de todo tipo.

Sus elekes (collares) son de cuentas rojas y negras alternadas.

Se le sacrifican chivos, gallos o pollos, pollitos, ratones negros o rojos.

Sus ewes (plantas y frutos) son abrecamino, croto, alcanfor, almácigo, berro, albahaca, almendra, siempreviva, rompesaragüey y verdolaga.



Yemayá

Orisha del río.

Dueña de la maternidad, pues fue la madre de la mayoría de los orishas y crió a los demás.

Representa la intelectualidad, la sabiduría y el carácter cambiante como el mar.

Adivina por excelencia.

Dueña también de las aguas y del mar, fuente de toda vida.

Su receptáculo es una sopera de cerámica de color azul o de tonalidades azulinas.

Lo que no debe faltar en su altar son remos, una corona, un timón, un barco, caballitos de mar, peces, conchas, corales, un sol, una luna, platos, un salvavidas y una llave.

Su número vibratorio es el 7 y sus múltiplos.

Su color es el azul y sus tonalidades.

Sus elekes más tradicionales se confeccionan intercalando siete cuentas azules, una azul ultramar y siete azul agua.

Se le ofrendan camarones, alcaparras, lechuga, huevos duros, tomate y acelga. Tamal de maíz envuelto en hojas de plátano, frijoles, cocadas, pescado entero, melón, sandías, papayas, uvas, peras, manzanas y naranjas.

Se le sacrifican carneros, gallinas, patos, palomas, codornices y gansos.

Sus ewes son lechuga, mejorana, mora, berro, prodigiosa, helecho, verdolaga, aguacate y ciruela.

Su imagen pagana se asocia con la Virgen de la Regla.

Es la diosa del agua, por esa tiene gran fuerza.

Ella vive en todas partes, aunque se cree que prefiere estar cerca del mar.

Es símbolo de la fecundidad, por eso cuando va a nacer un niño su imagen no puede faltar durante el parto.

Es la creadora de los ríos y le gusta salir de casería.

Tiene un carácter fuerte y decidido, por ese motivo hay que tenerla contenta, pues si se le hace enojar ella puede provocar terribles desgracias. Pero regularmente se le imagina contenta y con muchas ganas de bailar.

Aunque puede ser muy mala, nunca comete injusticias.



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martes, 25 de enero de 2011

El Padre Nuestro de Allan Kardec


ORACIONES CRISTI – ESPÍRITAS

PADRE NUESTRO



I - ¡Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre!

Creemos en vos, Señor, porque todo revela vuestro poder y vuestra voluntad. La armonía del universo, testigo de una sabiduría, de una prudencia o de una previsión que sobrepuja todas las facultades humanas; el nombre de un ser soberanamente grande y sabio está inscrito en todas las obras de la creación, desde la hebra de la mas pequeña planta y desde el más pequeño insecto hasta los astros que se mueven en el espacio en todas partes vemos la prueba de una solicitud paternal; por eso es ciego el que no reconoce en vuestras obras, orgulloso el que no os glorifica, e ingrato el que no os da gracias.


II - ¡Venga a nos en tu reino!

Señor, habéis dado a los hombres leyes llenas de sabiduría que producirían felicidad, si las observasen. Con esas leyes harían reinar entre ellos la paz y la justicia, se ayudarían mutuamente en vez de perjudicarse, como lo hacen; el fuerte sostendría al débil y no lo abatiría, evitaría los males que engendran todas las miserias de la tierra que tienen su origen en la violación de vuestras leyes, porque no hay ni una sola infracción que no tenga sus fatales consecuencias. Habéis dado al bruto el instinto que le traza el límite de lo necesario, y maquinalmente se conforma a él; pero al hombre, además de su instinto, le habéis dado la inteligencia y la razón; le habéis dado también la libertad de observar o de infringir aquellas de vuestras leyes que le conciernen personalmente, esto es, de elegir entre el bien y el mal, a fin de que tenga el merito y la responsabilidad de sus acciones. Nadie puede alegar que ignora vuestras leyes, porque en vuestro cariño habéis querido que estuviesen grabadas en la consciencia de cada uno, sin distinción de cultos ni de Naciones; los que la violan es porque os desconocen.

Vendrá un día, según vuestra promesa, en que todas las practicarían, entonces la incredulidad habrá desaparecido, todos os reconocerán como el Soberano Señor de todas las cosas, y el reino de vuestras leyes será vuestro reino en la tierra.

Dignaos, Señor, activar su advenimiento dando a los hombres la luz necesaria para conducirles por el camino de la verdad.


III - ¡Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo!

Si la sumisión es un deber del hijo para con su padre, del inferior para el superior, ¡cuánto más grande debe ser la de la criatura para con su Creador! Hacer vuestra voluntad Señor, es observar vuestras leyes sin murmurar a vuestros divinos secretos; el hombre se someterá a ellos, cuando comprenda que sois origen de toda sabiduría y que sin vos nada puede; entonces, hará vuestra voluntad en la tierra como los elegidos en el Cielo.


IV - El pan nuestro de cada día dánoslo hoy

Dadnos el alimento para conservar las fuerzas del cuerpo; dadnos también el alimento espiritual para el desarrollo de nuestro Espíritu. El bruto encuentra su alimento, pero el hombre lo debe a su propia actividad y a los recuerdos de su inteligencia, porque vos le habéis creado libre.

Vos le habéis dicho: "extraerás el alimento de la tierra con el sudor de tu frente"; por eso habéis hecho una obligación del trabajo a fin de que ejercitara su inteligencia, buscando los medios de proveer a sus necesidades y a su bienestar, los unos por el trabajo material y los otros por el trabajo intelectual; sin trabajo quedaría estacionado y no podría aspirar a los Espíritus Superiores.

Vos secundáis al hombre de buena voluntad que confía en vos para lo necesario, pero no al hombre que se complace en la ociosidad y que todo quisiera obtenerlo sin pena, ni el que busca lo superfluo.

¡Cuántos hay que sucumben por su propia falta, por su injuria, por su imprevisión o por su ambición, por no haber querido contentarse con lo que le habéis dado!

Esos son los artífices de su propio infortunio, y no tienen derecho a quejarse porque son castigados por donde han pecado. Pero ni aún a esos abandonáis porque sois infinitamente misericordioso, sino que tendéis una mano caritativa desde el momento en que como el hijo pródigo vuelve sinceramente a vos.

Antes de quejarnos de nuestra suerte, preguntémonos si es produto de nuestras propias acciones; a cada desgracia que nos sucede preguntémonos si hubiese dependido de nosotros evitarla, pero digamos también que Dios nos ha dado inteligencia para salir del atolladero, y que de nosotros depende el hacer uso de ella.

Puesto que la ley del trabajo es la condición del hombre en la tierra, dadnos ánimo y fuerza para cumplirla; dadnos también prudencia, previsión y moderación con el fin de no perder el fruto de este trabajo.

Dadnos, pues, Señor, nuestro pan de cada día, es decir, los medios de adquirir con el trabajo las cosas necesarias a la vida, porque nadie tiene derecho a reclamar lo superfluo. Si nos es imposible trabajar, confiemos en Nuestra Divina Providencia.

Si entra en nuestros designios el probarnos por las más duras privaciones, a pesar de nuestros esfuerzos, las aceptamos como justa expiación de las faltas que hayamos podido cometer en esta vida o en una precedente, porque vos sois justo; sabemos que no hay penas inmerecidas y que jamás castigáis sin causa.

Presérvanos, Dios mío, de concebir la envidia contra los que poseen lo que nosotros no tenemos, ni contra aquellos que tienen lo superfluo, cuando a nosotros nos hace falta lo necesario.

Perdónales si olvidan la ley de la Caridad y de Amor al prójimo que habéis enseñado.

Separad también de nuestro Espíritu el pensamiento de negar nuestra justicia, viendo prosperar al malo, y al hombre de bien sumergido algunas veces en la desgracia. Gracias a las nuevas luces que habéis tenido a bien darnos, sabemos ahora que vuestra justicia se cumple siempre y no hace falta a nadie; que la prosperidad material del malo es efímera con su existencia corporal, y que sufrirá terribles contratiempos mientras que la alegría reservada al que sufre con resignación, será eterna.


V - Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Perdónanos nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido

Cada una de nuestras infracciones a vuestras leyes, Señor, es una ofensa hacia vos y una deuda contraída que tarde o temprano tendrá que pagarse. Solicitamos la remisión de ellas por vuestra infinita misericordia y os prometemos hacer los debidos esfuerzos para no contraer nuevas deudas. Vos habéis hecho una ley expresa de la caridad, pero la caridad no consiste sólo en asistir a su semejante en la necesidad; consiste también en el olvido, en el perdón de las ofensas. ¿Con qué derecho reclamaríamos vuestra indulgencia, si nosotros mismos faltásemos a ella con respecto a aquellos contra quienes tenemos motivos de quejas?

Dadnos, ¡Dios mío!, la fuerza para ahogar en nuestra alma todo resentimiento, todo odio y rencor, haced que la muerte no nos sorprenda con un deseo de venganza en el corazón. Si hoy mismo os place el quitarnos la vida, haced que podamos presentarnos a vos puros de toda animosidad, a ejemplo de Cristo, cuyas últimas palabras fueron de clemencia para sus verdugos.

Las persecuciones que nos hacen sufrir los malos forman parte de nuestras pruebas, y debemos aceptarlas sin murmurar, como todas las otras pruebas, y no maldecir a aquellos que, con sus maldades, nos facilitan la senda de la felicidad eterna; pues vos nos habéis dicho por boca de Jesús: “¡Felices los que sufren por la justicia!” Bendigamos, pues, la mano que nos hiere y nos humilla, porque las heridas del cuerpo fortifican nuestra alma y seremos levantados de nuestra humanidad.

Bendito sea vuestro nombre, Señor, por habernos enseñado que nuestra suerte no está irrevocablemente fijada después de la muerte, y que encontraremos en otras existencias los medios de rescatar y reparar nuestras faltas pasadas y de cumplir en una nueva existencia lo que no podemos hacer en esta por nuestro adelantamiento.

Con esto se explican, en fin, todas las anomalías aparentes de la vida, pues es la luz derramada sobre nuestro pasado y nuestro porvenir, la señal resplandeciente de vuestra soberana justicia y de vuestra bondad infinita.


VI - No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos de todo mal

Dadnos, Señor, fuerzas para resistir las sugestiones de los malos Espíritus que intentasen desviarnos del camino del bien inspirándonos malos pensamientos.

Pero nosotros mismos somos Espíritus imperfectos encarnados en la tierra para expiar y mejorarnos. La causa primera del mal reside en nosotros, y los malos Espíritus no hacen más que aprovecharse de nuestras inclinaciones viciosas, en las cuales nos mantienen para tentarnos.

Cada imperfección es una puerta abierta a su influencia, mientras que son impotentes y renuncian a toda tentativa contra los seres perfectos. Todo lo que nosotros podamos hacer para separarlos es inútil, si no les oponemos una voluntad inquebrantable en el bien, renunciando absolutamente al mal.

Es, pues, necesario dirigir nuestros esfuerzos contra nosotros mismos y entonces los malos Espíritus se alejarán naturalmente, porque el mal es el que los atrae mientras que el bien los rechaza.

Señor, sostenednos en nuestra debilidad inspirados por la voz de nuestros ángeles custodios y los buenos Espíritus, la voluntad de corregirnos de nuestras imperfecciones con el fin de cerrar a los Espíritus impuros el acceso a nuestra alma.

El mal no es obra vuestra, Señor porque el origen de todo bien nada malo puede engendrar, nosotros mismos somos los que los creamos infringiendo a nuestras leyes y por el mal uso que hacemos de la libertad que nos habéis dado. Cuando los hombres observen leyes, el mal desaparecerá de la tierra como ha desaparecido de los mundos más avanzados.

El mal no es una necesidad fatal para nadie, y sólo parece irresistible a aquellos que se abandonan a él con complacencia. Si tenemos voluntad, podremos hacer el bien; por eso, Dios mío, pedimos vuestra asistencia y la de los buenos Espíritus para resistir la tentación.


VII- Amén

¡Haced, Señor, que nuestros deseos se cumplan! Pero nos inclinamos ante vuestra sabiduría infinita. Sobre todas las cosas que no nos es dado comprender, que se haga vuestra santa voluntad, y no la nuestra, porque vos sólo queréis nuestro bien, y sabéis mejor que nosotros lo que nos conviene!

Os dirigimos esta plegaria, ¡Oh Dios mío! Por nosotros mismos, pro todas las almas que sufren encarnadas y desencarnadas, por nuestros amigos y enemigos y por todos aquellos que pidan nuestra asistencia, y en particular por N…



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