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martes, 17 de agosto de 2010

Osain y la Corte de los Seis Orishas (Parte III)

La tradición Santera se fundamenta sobre la existencia de una jerarquía rectora del mundo, formada inicialmente, en su cima más alta, por Olofi quien, para dirigir el mundo, creó a los Orishas mayores y menores; nos explica Héctor Izaguirre en Osain y la Corte de los Seis Orishas. (Otros investigadores y practicante de la Santería Yoruba, como Celia Blanco, nombran al Ser Supremo como Olodumare, siendo la fuente primaria de energía vital. Olofi y Olorum son nombres que se le atribuyen al mismo Olodumare. Olofi sería un aspecto más accesible, quien dirige el concierto de energía cósmica universal. Es Olofi y no Olodumare quien se relaciona con la vida diaria de los Orishas.) Continúa Izaguirre relatando que son los Orishas quienes crearon al hombre, integrado por un cuerpo representativo de lo material y una cabeza, símbolo del espíritu. El hombre vendría a ser una doble realidad con diferentes objetivos. Mientras vive en el cuerpo le corresponde aprender. Por ello en la Santería, el hombre nace y muere muchas veces, todas las necesarias para alcanzar el nivel superior. La finalidad de cada nacimiento es el cultivo de la vida espiritual.

La Corte de los Seis Orishas -conformado por los Orishas menores: Oko, Iroco, Oyaó, Ochumare, Oyá y Aroni- son los espíritus que ayudan a Osain a cumplir con su misión. Izaguirre expone que no existe una claridad sobre estas variaciones en las divinidades. Pareciera existir, en primer lugar, los hombres, luego cierto tipo de espíritu evolucionado y, por último los Orishas, auxiliares a distintos niveles y con funciones del gran Padre Creador.


Oko

Deidad de la agricultura y la cosecha; es el primero de los Orishas menores que complementan a Osain. Es el patrón de los labradores y cumple la función de árbitro entre las mujeres, así como también es el juez que resuelve el problema de los Orishas. Dedicado al trabajo, este Orisha guarda celosamente numerosos secretos sobre la vida vegetal, cumple con el voto de la castidad y los testículos le cuelgan hasta el suelo, fecundando todo lo que tocan.

Su presencia garantiza el crecimiento y prosperidad de las cosechas y las abejas se convierten en sus mensajeras. A Oko se le corresponde una misión muy especial, porque es responsable de la distribución de recursos alimenticios en la tierra. Cuando retira su protección de algunas regiones, aparece la sequía y las plantas no prosperan. De esta forma, logra mantener un equilibrio en el mundo.


Canto a Oko

Nos regocijamos al encontrarnos

con el espíritu de la tierra

que hace el bien, el bien.

Cabeza escogida de la tierra

te saludamos, te saludamos

honorable anciano.

El espíritu del Orisha menor Oko desarrolla su actividad durante le luna nueva; éste es un culto fundamentalmente femenino, desarrollado como complementación de los trabajos solares. En la actualidad, este culto ha perdido vigencia y, en algunas regiones es tan solo un recuerdo.


Iroco

La tradición Yoruba asignó a Iroco como la ceiba y su follaje. Árbol sagrado, muy antiguo, sobreviviente del gran diluvio y de la separación del cielo y la tierra; refugio de todos los Orishas y templo de todos los Santeros. A su sombra se cobijan los cultos, se entierran los Osain y se hacen sacrificios.

Según la tradición, el bastón de Olorun está hecho de madera de este árbol sagrado. Por extensión de las funciones de la ceia, se complementó el imperio de Iroco con el follaje de todos los árboles. Se afirma que al hacer rogaciones al pie de Iroco con la finalidad de tener hijos, el Orisha lo concede, pero pide como pago un carnero.

Iroco es un Orisha viejo y santo, su mujer es Abomán. Tiene dos hermanos, uno varón llamado Bomá y una hembra llamada Osabá, ésta vinculada con Yemayá y, en cierta forma, su presencia con Iroco ha confundido y por eso algunos tratadistas le dan carácter femenino a la ceiba.

A Iroco se le baila con un bastón revestido de collares y una escoba adornada de rojo y blanco.


Oyaó

Este Orisha representa las raíces de la ceiba, es hermano de Oyá y cumple la función de sostenedor, de base. Todas las cosas de la vida se fundamentan sobre algo y ese algo es Oyaó.

Él crece hacia abajo, hacia el centro de la tierra y tiene la particular característica de nutrir al árbol, tanto de agua como de minerales y de elementos necesarios para la vida. Complementa el trabajo de Iroco y tiene aplicaciones médicas y mágicas. Oyaó es un Orisha con funciones de conexión, él permite el tránsito de las fuerzas telúricas que son absorbidas por las raíces convirtiéndose en savia que asciende hacia el tronco y luego a las hojas donde se produce el intercambio con las fuerzas del Orisha Olorun, encargado de hacer el contacto con lo superior, con lo sagrado.

Los misterios y poderes del Orisha Oyaó están por descubrirse, en el paso bajo la tutela de Oyá, el hombre desde niño aprendía este arte del manejo de las Hierbas.



Oyá

Muy discutidora, peleona y contestataria, y se le asocia a los conflictos maritales y a la educación instintiva de los niños. El pueblo la ha llamado el torbellino, porque es continua y concentrada en sí misma. Oyá, además, ha sido identificada con la naturaleza humana porque responde a las cualidades buenas y malas del hombre. Es amante de las plantes y dirige la educación de los niños entre los tres y los nueve años, guía la curiosidad inocente y cultiva el instinto conocedor de las aplicaciones de las plantas.

En la educación del niño Yoruba, esta Orisha juega el papel de entrenadora para la vida. El niño en el monte comete errores y aprende a rectificar, con la percepción interior de las cosas.

En la actualidad, el culto a Oyá se ha olvidado, por esta razón el niño ha perdido la percepción de la naturaleza, la siente diferente a él, pone una pared entre los dos con una relación de continuidad. Oyá educaba a los niños en la fase más apropiada para el desarrollo del instinto, no así de la razón y el intelecto.


Ochumare

Orisha hermafrodita, simbolizado en el arcoíris. Ochumare caracteriza dos categorías cognoscitivas muy importantes, como son la movilidad y la permanencia. Representa a todo lo que cambia y al mismo tiempo lo que se mantiene. A veces, se le manifiesta al investigador con dos caras, con expresiones de dos realidades simultáneas, bueno o malo, viejo o joven, feo o bonito. Tiene muchas modalidades o matices que crean cambios en la naturaleza.

El arcoiris o Ochumare nos indica los diferentes niveles del mundo natural, así como la aplicación de esta teoría, al manejo de las matas y las yerbas. Es, además, el Orisha del contacto del abajo con el arriba con algo que es visible pero intangible. Se ha creído que el arcoíris es una escalera para subir al cielo y en el lugar donde hace contacto con la tierra se encuentra un tesoro. Este Orisha tiene que ver con la búsqueda de tesoros enterrados. Aquí ubicamos la categoría de realidad y apariencia. Si la riqueza buscada es interior, Ochumare ha nacido en nosotros.


Aroni

El monte era defendido violentamente a toda penetración humana. El Orisha asignado por los dioses para ese fin era Aroni, también llamado Eshú, quien representa los poderes más bajos y a las agresiones más terribles contra lo humano. Estimulaba a las serpientes, a las espinas, a los bachacos y a la amargura.

Es un Orisha terrible, su aspecto es horroroso, asociado a los animales sobrenaturales, como kioma y kolofo. Su figura es la de cómo un enano con cara y cola de perro, tiene una sola pata, por lo que avanza dando brinquitos. También se le representa como un tizón de carbón que enceguece a los que intentan penetrar en su reino.

Esconde los secretos más poderosos de las plantas.


La historia de Osain y sus seis Orichas, nos revela una lección para nuestro tiempo, apunta Izaguirre, sobre la adecuada interrelación entre el hombre y la naturaleza. La cultura del cementerio debe ser ayudada con el verdor de las plantas, continúa, y la medicina química deber parcialmente sustituida por las terapias naturales.


Ver: Osain y la Corte de los Seis Orishas (Parte I); Osain y la Corte de los Seis Orishas (Parte II)



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jueves, 12 de agosto de 2010

Osain y la Corte de los Seis Orichas (Parte II)


Canto para Cortar la Yerba

Osain, poderoso que limpia con sus yerbas, le rogamos, le chiquiamos, le alabamos y le preguntamos si está contento; le pedimos que nos sea favorable con sus yerbas; que ellas quiten el mal a los pecadores y nos aumenten la salud.



Osain es muy exigente en el tratamiento que se le da a la naturaleza, nos comenta Héctor Izaguirre en su libro Osain y la Corte de los Seis Orichas. El procedimiento de cortar las yerbas –continúa– debe evitar la pérdida de savia y el desperdicio de partes en el tratamiento. Nos advierte que algunos Santeros o profanos aventurados en esta actividad, han enfrentado grandes dificultades en su vida personal, por el maltrato a la naturaleza. Por lo mismo, debe evitarse pisar las yerbas y algunas sólo pueden ser cortadas con las manos, porque el uso de metales disminuye el efecto curativo. Cada yerba, cada planta tiene su Aché, es decir, su poder mágico.

Las prácticas mágicas, preferiblemente, deben ser realizadas por hombres o mujeres a quienes la menstruación se les ha ido definitivamente. Algunas tribus africanas desarrollan danzas rituales con niños y adolescentes, con el objetivo de que los cultivos efectuados en sus tierras sean más ricos y fuertes, ante la inclemencia del tiempo. Osain tiene la particular característica de aproximarse a todos aquellos que le llamen o crean en su presencia. El tabaco consumido por sus hijos o simpatizantes, estimula su presencia. Así mismo, los tambores son otra forma de contactarle. Regar monedas de cobre también le agrada; además del maíz, la mazorca y otros granos que pueden ser esparcidos en sus espacios.

Siendo Osain el Oricha dueño y señor de todos los vegetales y animales del monte, es quien le concede el permiso a los otros Orichas para que usen su dominio. A Osain le interesan las plantas que son portadoras de las fuerzas mágicas. Entre estas: Palo Bronco, Palo Cachimba, Palo Jicotea, Ruibarbo, Sacu-Sacu, Tabaco, Cocuyo, Cordoban, Guaracabuya, Güira, Huevo de Gallo, La Güira Cimarrona, Chicharrón de monte; entre otras (sobre sus propiedades curativas y utilización, abunda Izaguirre en Osain y la Corte de los Seis Orichas).



Preparación de un Omiero

La función principal de un hijo de Osain es preparar una mezcla de hierbas con fines curativos, de limpieza y mágicos. Esta mezcla recibe el nombre de Omiero y su elaboración exige algunas condiciones previas que Izaguirre detalla en su libro. Para la preparación de un Omiero se pueden emplear hierbas secas o frescas. No obstante las frescas son más efectivas. Luego de conseguir las yerbas, éstas pueden ser rayadas, trituradas o picadas con las manos; se depositan en un envase que contenga agua de coco fresco, agua de lluvia, de río o mar. Se deja reposar y se le agrega agua ardiente, miel de abeja, melado de caña, manteca de corojo, manteca de cacao, cascarilla y pimienta de Guinea. Las proporciones y las combinaciones selectivas de las hierbas y el agua, responden a un conocimiento secreto, no revelado jamás, sino entre los hijos de Osain.

Los Omieros se emplean también para preparaciones de carácter mágico, destinados para los actos de formación de los Santeros. Así mismo, se hacen Omieros para la protección de las casas. Son múltiples la aplicación de los Omieros. Por ejemplo, en lugares donde se han producido muchos accidentes, se refresca el espacio con siete hierbas de Elegguá o en caso de infertilidad se coloca debajo de la cama de la pareja, un Omiero de Yemayá. Para la toma de decisiones difíciles en la que no hay voluntad, se coloca un Omiero de Oggún. En los casos en que se necesite armonizar, se coloca un Omiero de Obatalá. Todos los Orichas aceptan variados Omieros; mientras que Babalú Ayé sólo recibe las yerbas consagradas a él.


En la última parte de Osain y la Corte de los Seis Orichas, Izaguirre nos habla precisamente sobre la Corte de los Seis Orichas. Para cumplir con su misión, Osain dispone de seis Orichas menores que también son llamados espíritus. Sobre Oko, Iroko, Oyao, Ochumare, Oyá y Aroní estaremos escribiendo próximamente en Osain y la Corte de los Seis Orichas (Parte III).


Ver: Osain y la Corte de los Seis Orichas (Parte I)





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martes, 10 de agosto de 2010

Osain y la Corte de los Seis Orichas (Parte I)


Nuestra sociedad está enferma, la tierra se encuentra en un proceso de extermino, han desaparecido ríos, especies se encuentran en extinción. El hombre civilizado tan sólo ve al planeta como un botín de guerra. Hoy nos aproximamos a una nueva era y el viejo culto Yoruba ofrece al hombre una oportunidad histórica.


Osain y la Corte de los Seis Orichas de Héctor Izaguirre es un pequeño libro que pertenece a la colección Secretos de la Santería. Izaguirre, maestro del ocultismo, investigador, seguidor de las corrientes místicas, aborda otras de las áreas de la tradición Yoruba: la curación a través de las hierbas y la oración. En este sentido, la Santería trabaja a través de Osain y su Corte de entes poderosos; los Seis Orichas: Oko, Iroko, Oyao, Ochumare, Oyá y Aroni. Todos reúnen en sí la fuerza de la vida vegetal, el poder de la naturaleza para restablecer la salud y el equilibrio.

Pensar y escribir sobre Osain, comenta Izaguirre, es hacerlo sobre un conocimiento secreto y bien guardado. Su corte de Orichas nos manifiesta toda la fuerza escondida en los vegetales, en las yerbas, en los palos; en la naturaleza verde, universo donde en un remoto pasado, la especie humana abrió por primera sus ojos y se vinculó con ella. En otro tiempo reciente, rompió su relación y comenzó a intentar vivir sin ella.


Si el hombre desapareciera de la faz de la tierra, la naturaleza vegetal cubriría los espacios abandonados, tal como se produjo en las regiones de la cultura Maya, Inca o Azteca, donde los investigadores han encontrado debajo de los árboles, la huella del hombre y su cultura.


A ese verdor, la tradición Santera le asigna un Oricha –expresa Izaguirre en el capítulo, “El reino de la naturaleza vegetal”– al cual podemos evocarle o dialogar con su espíritu en un bello lenguaje de regreso del hombre hacia su mundo interior. Esos árboles que están afuera, esas matas y esas yerbas, también están dentro de nosotros.

A la fuerza presente en la vida vegetal, la cual sigue con precisión los ritmos de la luna, la tradición Yoruba le dio por nombre el del Oricha Osain. Para que éste cumpliera con exactitud sus funciones le apoyó con la Corte de los Seis Orichas menores, ya mencionados.


Oricha Osain

El origen del Oricha Osain es un poco confuso y debido a la variedad cultural africana, existen tres interpretaciones distintas. Osain es considerado el dueño de la naturaleza y también como la misma naturaleza. Es cazador y célibe. Se ha desarrollado un culto destinado a sostener a Osain como guardián y consultor en las tomas decisiones. Además se le ha considerado como dueño de todas las hierbas y matas con poderes mágicos. Debido a ello, se le designa como deidad de la farmacopea. Sus dominios alcanzan el área de la medicina natural, la magia primitiva fundada en el uso de las yerbas para defensa, ataque y logros de objetivos humanos con fuerzas invisibles.

La tradición Santera sincretiza a Osain con San José, San Benito, San Antonio Abad, y San Silvestre; por otra vía en la Regla Kimbisa, se le identifica con San Ramón Nonnato.


Por su parte, Osain tiene la capacidad de alejar a los Ikú o muertos que se adhieren a los hombres por acción de la brujería o por el contacto de lugares poblados con estas fuerzas. Se le asocia compartiendo espacio con Changó, y actúa de la misma manera que este Oricha. Comen los mismos alimentos y su evocación es bastante parecida.

Los animales sacrificados en su honor son el chivo, la jicotea, el gallo grifo y los pájaros que hablan. Estas ofrendas son usadas con motivos de sanaciones, tanto orgánicas como anímicas y se complementa con yerbas, polvos y elementos naturales que posibilita la conexión con este Oricha.



Los hijos de Osain

Los hijos de Osain –nos comparte Izaguirre– son personas con gran equilibrio emocional y madurez, su percepción de la vida es abierta, no admiten ningún dogma y están distante de los convencionalismos sociales. Son fundamentalmente realistas y prácticos. Para los hijos de este Oricha es necesaria la constatación de sus afirmaciones. Su mundo emocional –continua Izaguirre– no actúa sobre sus juicios, los cuales suelen ser certeros y precisos. No son hombres fríos ni calculadores, sino más bien saben esperar y administran el tiempo con fe y confianza en sus postulados. Se dividen en dos categorías religiosas. Los que han recibido Santo y collares, y los que, de una manera espontánea, logran sentir esa inspiración frente a la naturaleza. Cuando alguien contempla la naturaleza vegetal y experimenta una comunicación con ese reino, es porque está inspirado por Osain. Las fuerzas de este Oricha están detrás de muchos poetas y escritores; incluso, en muchas formas musicales se siente su presencia.

Cuando recogemos las yerbas, necesitamos el permiso de Osain e, inexorablemente, cuando esta actividad la realizamos sin su consentimiento, los efectos curativos disminuyes.



El libro de Osain y la Corte de los Seis Orichas desarrolla otros temas tales como el culto de Osain, la preparación de baños con yerbas para alejar a los muertos, la preparación de un omiero, cantos para cortar la yerba, la función de la Corte de los Orichas, entre otros. Estaremos abundando sobre algunos de estos interesantes y profundos temas que Héctor Izaguirre ha desarrollado en su libro, en Osain y la Corte de los Seis Orichas (Parte II).



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